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Una mirada desde la educomunicación

  • Foto del escritor: Nancy Arias
    Nancy Arias
  • 5 jun 2020
  • 12 Min. de lectura

Texto escrito en 2016 para el Taller de Práctica docente II del Profesorado Universitario en Comunicación Social (FCC-UNC)

Todo acto pedagógico es por definición un acto de comunicación. La escuela atraviesa hoy una de sus crisis más profundas, frente a esto la mirada fresca de la educomunicación puede realizar aportes significativos. Los comunicadores que educamos tenemos las herramientas teóricas necesarias para abordar la investigación educativa desde el terreno, en nuestras propias prácticas. Habilitar una mirada desde la educomunicación implica empoderar al docente como un sujeto que reflexiona teóricamente sobre sus propias prácticas, sobre las condiciones y mediaciones que atraviesan esas prácticas y sobre los sujetos que participan de ellas pero que además es capaz de generar los procesos comunicacionales necesarios para que esas prácticas se llenen de sentido, de conceptualización, de significación para todos los miembros de una comunidad educativa.

La escuela ya no es un templo del saber.[1]

La cita inicial da cuenta de uno de los mitos sobre la educación que circula en nuestros días y de una de las aproximaciones al campo de la educación que se trabajó en este Taller de Práctica Docente. El problema es que la escuela no sólo ya no es lo que era sino que no sabemos muy bien qué será de ella.

Que la institución escolar está atravesando una de sus crisis más profundas, que la sociedad sospecha de su capacidad para cumplir la promesa educativa que sostuvo durante toda la modernidad, que la escuela está mal y que algo hay que hacer, es a esta altura una verdad de perogrullo. El problema es en qué tipo de solución o alternativa se está pensando. Los ranking mundiales a partir de las pruebas internacionales no logran dar cuenta de la realidad y terminan siendo encuestas mentirosas, tendenciosas y peligrosas para los sistemas escolares de los países, en especial para los más vulnerables. Los vientos (o tornados) de cambio que corren desde las derechas más diversas hacen pensar lo peor: escuelas para pobres y escuelas para ricos, contenidos y aprendizajes diferenciados, perfiles de egreso segmentados y el mercado metido hasta la médula. Frente a esta situación se hace necesario reflexionar sobre los cambios necesarios para que la educación suceda en todos los niveles, para que la promesa de la escuela se renueve, en especial con los sectores populares recientemente integrados.

Según Axel Rivas[2], las escuelas del pasado responden a dos conductores: la obligación y el mérito. Este paradigma dio como resultado la exclusión de gran parte de los sectores populares, la memorización como forma dominante de relación con el conocimiento y una calidad opaca en los aprendizajes. Frente a esto se pregunta si ha llegado el fin de este sueño tornado en pesadilla que comenzó hace unos siglos. Como educador-comunicador Rivas establece un plan que contempla capacidades y nuevos conductores para llegar a una nueva escuela, una escuela inolvidable.

Hace poco llegó a mi muro de facebook un documental sobre la experiencia fundacional de la Escuela Normal Superior de Córdoba titulado “La escuela era una fiesta”[3], un trabajo muy interesante del Área de Tecnología Educativa de la Facultad de Filosofía y Humanidades en el que pensé de inmediato cuando leí sobre las escuelas inolvidables de Rivas. Experiencias como ésta y otras abordadas en el desarrollo del Taller van marcando el camino de los cambios posibles sobre todo a partir del reconocimiento de “lo que queda” en sus alumnos, del reconocimiento en el sentido en que Huergo piensa el proceso de identificación con la educación[4]. También podemos pensar en la categoría trabajada por Eva Da Porta como “subjetivización del saber”[5], en tanto proceso que “pone en juego la propia actividad del sujeto, sus intereses, sus particularidades y las capacidades individuales con que cuenta para acceder al saber, producirlo o apropiarse”. En el marco de este tipo de procesos, la educomunicación puede realizar valiosos aportes al sistema educativo.

Todo acto pedagógico es por definición un acto de comunicación y en la prometida era de la comunicación los comunicadores tenemos mucho para decir. Sin embargo parece que al entrar a las aulas rápidamente nos despojamos de nuestros hábitos para vestir el de los “profes”. Las escuelas nos devoran, nos envuelven con sus miles de trámites burocráticos, formularios, declaraciones juradas, programas, planificaciones, libros de temas, informes a cuanta comisión (que nosotros mismos armamos) lo solicita, trabajos de convivencia, buenas prácticas, proyectos institucionales, capacitaciones ministeriales, etc. Caemos en la red, el hacer nos atrapa y la reflexión siempre queda para el año que viene.

Ante este “olvido” respecto de nuestro rol de comunicadores para refugiarnos en el lugar más seguro del expositor, del docente que reproduce los modelos existentes, es necesario leer a Prieto Castillo[6] cuando advierte la facilidad de ser un educador tradicional frente al desafío de abrir caminos desde la comunicabilidad ya que lo segundo requiere de lo que da en llamar un “esfuerzo pedagógico”. En una capacitación, la prof. Silvia Vidales[7] decía que los docentes estamos en una posición cómoda que es por demás incómoda. Y es verdad. Nos sofoca la desesperación ante la apatía de nuestros alumnos (como dice Rivas: la paradoja de hoy es tenerlos por fin a todos en las aulas y no poder sentarlos para que aprendan) pero nos cuesta salir de la rutina probada, nos asusta innovar, nos aterroriza perder el control.

En un curso particularmente apático y después de llevarlos a ver una obra de teatro que entre otros temas abordaba el de las ataduras, les pregunté a mis alumnos: ¿y a ustedes qué los ata a la escuela? Se desesperan por salir del aula, por irse antes, pero están allí todos los días, vuelven todos los días, se levantan tempranísimo porque la mayoría vive en barrios alejados y la escuela queda en el centro. Faltan mucho, sí, pero no quieren irse. Cuando la preceptora me trae la planilla para firmar las reincorporaciones (donde se registra el espacio curricular, las notas del trimestre y se dejan tres casilleros para que el docente complete: conducta, firma y un tercero al que se responde sí o no y quiere decir si los docentes consideramos que la escuela debe reincorporar al estudiante o no) los llamo y les pregunto ¿sí o no? ¿vos, qué querés? La mayoría quiere seguir, promete cambiar y ponerse las pilas, unos pocos me piden que ponga no. ¡¿Para qué venís si no querés estudiar?! Les preguntamos los profes con los pelos parados cuando ya el diálogo está agotado… La respuesta varía entre un silencio resignado y el consabido “porque quiero ser alguien en la vida”, como si no lo fueran ya, como si alguna persona pudiera no ser alguien o como si la escuela mágicamente produjera estos “alguienes”.

¿Qué los ata? les pregunté en un ámbito de diálogo que los sacaba (un poco, no demasiado) de su papel eterno de alumnos aburridos. “Los padres, tenés que estudiar para ser alguien, para seguir estudiando, nos obligan…” Y llegó despacito la verdad, casi como un murmullo: “bueno… y ver a los amigos, ponerse de novio/a, charlar con los otros”, en fin… socializar. Hasta en la mayor incomodidad, alguna zona de confort se encuentra. La escuela reemplaza al club, al barrio como lo recordamos los adultos, a la parroquia o al templo, a los grupos por afinidad de intereses. Los agrupamientos de los recreos dan cuenta de otras reuniones: las que se producen en los distintos bailes, en los boliches; los enfrentamientos reproducen otros choques: los de las bandas de los barrios o los tumultos del “transa” de turno.

Frente a esta realidad, la enseñanza y el aprendizaje se desdibujan, las escuelas “contienen” y a la prioridad de que los estudiantes pasen “más tiempo en la escuela” se le tiene que agregar “en situación de aprendizaje”. En este sentido, el documento sobre Prioridades pedagógicas advierte que “el uso que se le da a las horas disponibles en la escuela afecta especialmente a aquellos estudiantes que, en sus contextos familiares, no cuentan con el estímulo o la oportunidad para estudiar”. Por esta razón se pone énfasis en que “la asistencia y la puntualidad de estudiantes y docentes se resignifican al convertirse en una condición que posibilita la ampliación de las oportunidades de aprender y la adquisición de las rutinas que hacen al oficio de alumno”.[8]

En este sentido, los Centros de Actividades Juveniles vienen cumpliendo la función de “retener” con cierta calidad, de ser un lugar significativo para los estudiantes dentro de la escuela y (lo más importante para ellos) fuera de las aulas. Dentro de la educación formal, cuando toca el timbre para el cambio de módulo, si hay también cambio de profesor en los “peores cursos” hay que retener físicamente a los estudiantes, porque “se salen” como las ovejas de la novela “Walden dos” de Skinner que se escapan de la soga dando por tierra con toda su teoría conductista.

Ante situaciones como ésta se hace evidente que las aulas como las conocemos están llegando a su fin, que en algún momento deberemos rediseñar nuestros sistemas escolares y que en esto los comunicadores podemos realizar aportes significativos como identificar problemas en la recepción de textos. Por ejemplo, el Documento curricular Encuadre general de la Educación Secundaria de nuestra provincia establece que “Todo modelo pedagógico y organizacional se considera como un catalizador de la realidad en condiciones de activar y transformar la vida de todos los estudiantes y, en consecuencia, corresponde a las instituciones escolares definir alternativas y producir orientaciones pedagógicas de acuerdo con sus contextos”[9]. Lamentablemente pocos docentes han realizado una lectura en profundidad de los diseños curriculares y muchos desconocen las posiblidades y las habilitaciones que brinda el currículum para su implementación en las aulas porque lo abordan desde una clave de lectura correspondiente a textos como los programas y pierden la posibilidad que brindan los diseños para que cada docente, en base a los documentos “haga currículum” atendiendo a las particularidades de su grupo clase, su escuela, su contexto. Este tipo de procedimientos relacionados al campo de la comunicación deben ser recreados dentro del ámbito educativo rescatando los vínculos que unen a una comunidad educativa.

Por estas y otras razones derivadas de la experiencia laboral, estoy convencida de que el mayor mal de la escuela hoy (hablo del nivel secundario porque es el que conozco) es la soledad del docente frente al aula. Nada puede hacerse desde el trabajo de uno solo, no hay ni grano de arena que se pueda aportar si no se trabaja con los otros. La Escuela, después del Ejército y la Iglesia (con mayúsculas para denotar su sentido de instituciones) es la organización más jerárquica, autoritaria, represora y conductista en la que podemos pensar. Sin embargo, también es un candado que viene con llave. Sólo en esa reunión diaria, en ese espacio intergeneracional donde se descubre, se crea y se recrea el conocimiento y las relaciones sociales; donde sucede la educación y la vida, puede germinar la semilla de la renovación.

Si como dice Prieto Castillo[10] logramos la madurez pedagógica de promover el aprendizaje con los recursos de la comunicación (permitimos la expresión, la interacción, el goce, si damos lugar a la proyección de nuestros estudiantes, a la afirmación del propio ser, si nos permitimos sentirnos y sentir a los demás, abrirse al mundo y en definitiva apropiarse, no sólo del conocimiento sino de uno mismo) entonces nuestra voluntad de comunicación nos permitirá accionar como sujetos transformadores. Prieto Castillo nos conmina a los docentes a acercarnos a cualquier ser humano y tender puentes entre él sus compañeros, su contexto; entre el estudiante y los temas a aprender, las capacidades a desarrollar, los recursos y materiales; entre el sujeto que aprende y su propio ser.

La profesora Fabiana Castagno[11] de este profesorado ponderaba en una clase de Didáctica de la Comunicación, la necesidad de “humanizar la academia” y es quizá en este sentido que la escuela debe volver a mirarse como una institución hecha por sujetos, por personas. En los momentos más álgidos de mi tarea de enseñar, en esos momentos cuando querés patear el banco que hace de escritorio o peor aún darselo por la cabeza a alguien, recuerdo una frase (no de mi autoría pero que yo misma pronuncié hace ya más años de los que quisiera) “si no los querés, no funciona”. Le hablaba a una profe nueva que miraba con cierto desprecio a “estos alumnos de hoy” posiblemente más por miedo que por xenofobia, que vendría igual a ser lo mismo.

Por ese entonces no pensaba en la relación entre el campo de la educación y el de la comunicación, al que sentía había abandonado casi traicionado eligiendo la escuela. Luego de 13 años de experiencia docente, es a la luz del cursado de este profesorado que esa relación toma forma, que mis intuiciones, mis observaciones, muchas de mis propias acciones encuentran palabras, fundamentos, autores que seguir para pensar una mirada desde la educomunicación, aún ante la advertencia de Jorge Huergo respecto de este concepto sobre “crear la ilusión de suturar prematuramente los términos de una relación tensa y conflictiva, así como los traumatismos sociales y subjetivos que dan origen a nuestra vida común”[12].

Desde el legado de Kaplún[13] que demarcó los orígenes del campo de la educomunicación atándolo con toda justicia y tino al campo de la comunicación y la educación populares, los comunicadores que educamos tenemos una oportunidad que no podemos desperdiciar: la de constituirnos no sólo en docentes-comunicadores, sino en investigadores del campo educativo. Ser parte del terreno y tener las herramientas teóricas necesarias para un emprendimiento de este tipo nos permite asumirnos como actores privilegiados, capaces de dar cuenta de los procesos de concientización y reproducción social y cultural de la escuela así como de diferentes problemáticas del sistema educativo como el fracaso escolar, los sectores populares y la escuela, el trabajo docente, las condiciones de educabilidad, etc.

Esta triple condición de docentes, investigadores y comunicadores nos obliga a generar nuevas configuraciones, a producir nuevos sentidos en el viejo esquema escolar, a continuar pensando con Huergo en que “no es posible adscribir el problema de comunicación/ educación sólo a los ámbitos académicos de manera endógena y despolitizada: siempre este campo ha reclamado una relación y articulación entre el campo de la producción de conocimientos académicos y el campo político-cultural”[14].

Habilitar una mirada desde la educomunicación implica empoderar al docente como un sujeto que reflexiona teóricamente sobre sus propias prácticas, sobre las condiciones y mediaciones que atraviesan esas prácticas y sobre los sujetos que participan de ellas pero que además es capaz de generar los procesos comunicacionales necesarios para que esas prácticas se llenen de sentido, de conceptualización, de significación para todos los miembros de una comunidad educativa.

La escuela ya no es un templo del saber, y quizá esa derrota ontológica sea su salvación. En un mundo vertiginosamente cambiante, en la sociedad red, las formas del aprendizaje y de la enseñanza deben necesariamente actualizarse. Como señala Fernando Peirone en el artículo Figuraciones del saber juvenil[15] la incomodidad en el espacio de comunicación intergeneracional, al que hacían alusión Grimson y Tenti Fanfani, podría tener que ver con “una discontinuidad en el paradigma pedagógico”. Los adolescentes parecen no poder aprender de la manera en que les enseñamos. Hemos variado estrategias, incluido recursos de todo tipo y color, intentado nuevos formatos pedagógicos, revisado los aprendizajes y contenidos y todo esfuerzo parece vano. Quizá sea hora de revisar también las bases mismas de lo pedagógico con la mirada puesta en las prácticas de aprendizaje no escolar que nuestros hijos y nietos emplean en su vida cotidiana, una vida mediatizada por la convergencia digital, un espacio donde los jóvenes, en palabras de Peirone, “han desarrollado condiciones de posibilidad del saber que alteran la episteme vigente”.

En contra de las actuales ideas de ajustar a las escuelas y a su personal, hay que poblar las escuelas de docentes, de profesionales relacionados al trabajo social, a la salud, a las tecnologías, de obreros que den cuenta del mundo del trabajo, de estudiantes universitarios y de los profesorados que aporten nuevas perspectivas sobre las posibilidades académicas, de familias que acompañen, de vecinos que se sumen. Los chicos y chicas están. Van todos los días y si bien muchos abandonan, la mayoría prefiere seguir, a pesar del lavado de cerebro que infructuosamente realizamos a diario, a pesar de que es “un viaje”, allí están y nosotros también. Tenemos las valijas llenas de faltas, de posibilidades, de expectativas, de deseos, de conocimientos conquistados y por descubrir, de dudas, errores, rectificaciones pero sobre todo de la necesidad de creer que todavía podemos cambiar el mundo.

[1] GRIMSON, A. y TENTI FANFANI, E. (2015) Mitomanías de la Educación Argentina. Bs As. Siglo XXI Editores. [2] RIVAS, Axel (2014) Un libro para cambiar la educación. [3] La escuela era una fiesta. Política y alternativa pedagógica en la experiencia fundacional de la ENS de Córdoba Área de Tecnología Educativa. FFyH UNC https://vimeo.com/184555163 [4] HUERGO, Jorge: Lo que articula lo educativo en las prácticas socioculturales. Intersecciones en Comunicación año 4 número 4 ciclo 2010 [5] DA PORTA, E. (2011) Comunicación y Educación: algunas reflexionespara la búsqueda de nociones estratégicas En: Comunicación y educación; debates actuales desde un campo estratégico. [6] PRIETO CASTILLO, Daniel: La comunicación en la Educación Ediciones Ciccus La Crujía. Capítulo V Comunicación con el Educador. [7] Licenciada en Letras Modernas (UNC). Posgrado en Enseñanza en Educación Superior (Universidad Diego Portales, Chile). Adscripta al Equipo de Investigación en Educación de Adolescentes y Jóvenes (Facultad de Educación, UCC, Unidad Asociada CONICET). Coordinadora de Desarrollo Curricular de la Subsecretaría de Promoción de Igualdad y Calidad Educativa (ME Córdoba). [8] Gobierno de la Provincia de Córdoba, Ministerio de Educación. 2014. Prioridades pedagógicas 2014-2015, p. 3 http://www.igualdadycalidadcba.gov.ar/SIPEC-CBA/Prioridades/Prioridades-2014-2015.pdf [9] Diseño Curricular ENCUADRE GENERAL. Versión Definitiva 2011-2015 - Ministerio de Educación de la Provincia de Córdoba [10] Op. Cit. [11] Prof. Lic. en Ciencias de la Educación. Docente Facultad de Comunicación Social. Universidad Nacional de Córdoba. [12] HUERGO, J Mapas y viajes por el campo de Comunicación/ Educación. Artículo. [13] KAPLUN, M (1985) El comunicador popular. Editorial Humanitas Buenos Aires Argentina. [14] Idem. [15] PEIRONE, F Figuraciones del saber juvenil. Artículo en Le Monde Diplomatique Cono Sur. Edición Nro 180 - Junio de 2014.

Bibliografía

DA PORTA, Eva (2011) Comunicación y Educación: algunas reflexiones para la búsqueda de nociones estratégicas. In: da Porta, E., Ed., Comunicación y educación: debates actuales desde un campo estratégico, Formación Docente, Córdoba, 41-60. GRIMSON, Alejandro y TENTI FANFANI, Emilio (2015) Mitomanías de la Educación Argentina. Bs As. Siglo XXI Editores. HUERGO, Jorge (2013). Mapas y viajes por el campo Comunicación/ Educación, Conferencia inicial del COMEDU, Noviembre, UNLP. HUERGO, Jorge (2010) Lo que articula lo educativo en las prácticas socioculturales. En: Intersecciones en Comunicación año 4 número 4. KAPLUN, Mario (1985) El comunicador popular. Editorial Humanitas Buenos Aires Argentina. PEIRONE, Fernando Figuraciones del saber juvenil. Artículo en Le Monde Diplomatique Cono Sur. Edición Nro 180 - Junio de 2014. PRIETO CASTILLO, Daniel (2004) La comunicación en la Educación. Buenos Aires. Ediciones Ciccus La Crujía.

RIVAS, Axel (2014) Revivir las aulas: un libro para cambiar la educación. Buenos Aires. Debate

Documentos Provinciales

● Gobierno de la Provincia de Córdoba. Ministerio de Educación de la Provincia de Córdoba. Diseño Curricular ENCUADRE GENERAL. Versión Definitiva 2011-2015

● Gobierno de la Provincia de Córdoba, Ministerio de Educación. 2014. Prioridades pedagógicas 2014-2015, p. 3

Córdoba, noviembre de 2016

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